Es así nomás, lo que caminamos nos da historias para contar. Y nuevamente la Plaza de mayo es el personaje de este posteo.
Me llama mucho la atención mirarla con ojos de turistas. Todos los acentos que se mezclan mientras la voy atravesando me hacen verla extrañada, como un ejercicio antropológico. Hasta me llama la atención también verla como plaza, con gente tomando sol, o chicos jugando con sus padres. Todavía no entiendo bien a esa plaza. Será que la mayoría de las veces que fui a ella, venía de una larga caminata cantando entre la muchedumbre.
Los lunes suelen ser un día tranquilo para la plaza. Pocas veces las marchas se hacen al principio de la semana. Los jueves se llena de cámaras que retratan a las madres dando vueltas. Supongo que será la estación obligada de los guías turísticos que muestran y cuentan por qué dan vueltas los pañuelos blancos.
Pero entre esos días, la plaza toma otra forma. Cuando las marchas se aproximan y paran en ella con megáfonos, el despliegue policial en la plaza es gigante y, me parece, un poco excesivo.
¿Cuál es el miedo? ¿desde el balcón se ven las cosas magnificadas?.
La última vez fueron dos marchas juntas y tranquilas: los laburantes de Pirelli pidiendo que reiconrporen a la gran cantidad de compañeros que fueron despedidos, y la marcha de los estudiantes pidiendo mayores presupuesto y becas.
Parece que la gente asusta. Casi me causó gracia cuando tuve que ir hasta el Ministerio de Economía para poder cruzar, porque las vallas que atravesaban la plaza no me dejaban otra opción. La mueca de risa en mi cara se dejó ver cuando el oficial me informó que debería dar la vuelta por el otro lado del edificio del Ministerio para atravesar esa parte. No dejaban pasar ni a una mosca.
Me di vuelta y encaré por la otra calle. En eso, miré a las manifestaciones amenazantes. Seguro que ponen en peligro la vida de la Presidenta, la vida institucional. La risa de nuevo.
Que las verdades no tengan complejos. Que ser valiente no salga tan caro. Que nos aproveche mirar lo que miramos...
martes, 2 de septiembre de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Y verlas dar vueltas
Desde que empecé a pasar a la tarde por ahí, miré la plaza y la rosada con ojos de turistas. Estos que sacan fotos o se filman entre sí mientras se preguntan con tonos latinoamericanos "¿y qué te parece Argentina?".
La plaza se convierte en la Plaza de Maio, y casi que no es mía.
Pero ayer, al volver a recorrerla, volví a emocionarme cuando las ví caminando alrededor de la pirámide. Fue muy loco darme cuenta de que era jueves sólo porque ellas estaban ahí.
Las fotos seguían, y las cámaras también. Pero ya no se interrogaban entre sí, sino que registraban a las locas de la plaza, que bien testarudas e incondicionales, siguen dando vueltas... todos los jueves.

Foto: Madres de Plaza de Mayo
La plaza se convierte en la Plaza de Maio, y casi que no es mía.
Pero ayer, al volver a recorrerla, volví a emocionarme cuando las ví caminando alrededor de la pirámide. Fue muy loco darme cuenta de que era jueves sólo porque ellas estaban ahí.
Las fotos seguían, y las cámaras también. Pero ya no se interrogaban entre sí, sino que registraban a las locas de la plaza, que bien testarudas e incondicionales, siguen dando vueltas... todos los jueves.

Foto: Madres de Plaza de Mayo
miércoles, 13 de agosto de 2008
La sacaste re barata 2
Parece que por ser familia numerosa, entramos en las estadísticas directamente!
Sí, esta vuelta le tocó a mi vieja, y sobre la misma avenida: Juan B. Justo, pero a la altura de Martínez Rosas.
Esta vez ella estaba manejando y se le acercó un chico a la ventanilla cuando paró en un semáforo (rodeada de autos). Mi vieja zafó de ingenua... pero zafó.
Creyó que el pibe le venía a pedir monedas y ante la increpación de "dame la plata", ella le dijo "no, no tengo". Y después le cayó la ficha de que le estaban pidiendo ooootra cosa.
El pibe le dice que no levante la ventanilla porque sino va a sacar el chumbo. Y mi vieja seguía atónita ante la situación.
Le pide la guita y empieza a ver en el auto. Mi mamá, precavida, siempre pone la cartera debajo del asiento del acompañante (parece q está bueno adoptar la práctica... pero que cagada tener que hacerlo y vivir "alerta"). Al no ver la cartera, le sigue diciendo "dame la guita, la guita". "¿Qué plata?", le responde mi vieja. Y en eso abre el semáforo y acelera.
Lo ve al pibe por el retrovisor que le tira besos y la saluda como si fuera una conocida.
Una vez más, la sacaste barata... porque el pibe no tenía un chumbo.
Sí, esta vuelta le tocó a mi vieja, y sobre la misma avenida: Juan B. Justo, pero a la altura de Martínez Rosas.
Esta vez ella estaba manejando y se le acercó un chico a la ventanilla cuando paró en un semáforo (rodeada de autos). Mi vieja zafó de ingenua... pero zafó.
Creyó que el pibe le venía a pedir monedas y ante la increpación de "dame la plata", ella le dijo "no, no tengo". Y después le cayó la ficha de que le estaban pidiendo ooootra cosa.
El pibe le dice que no levante la ventanilla porque sino va a sacar el chumbo. Y mi vieja seguía atónita ante la situación.
Le pide la guita y empieza a ver en el auto. Mi mamá, precavida, siempre pone la cartera debajo del asiento del acompañante (parece q está bueno adoptar la práctica... pero que cagada tener que hacerlo y vivir "alerta"). Al no ver la cartera, le sigue diciendo "dame la guita, la guita". "¿Qué plata?", le responde mi vieja. Y en eso abre el semáforo y acelera.
Lo ve al pibe por el retrovisor que le tira besos y la saluda como si fuera una conocida.
Una vez más, la sacaste barata... porque el pibe no tenía un chumbo.
miércoles, 6 de agosto de 2008
La sacaste re barata
Después de saber que te pueden matar por un par de zapatillas, el manual de seguridad dice que "Si te afanan, le das lo que quieren". Incluso teniendo esto en mente, me resistí.Eran las 16 horas del viernes 1/8. Caminaba por Loyola, como tantas otras veces en las que lo había ido a buscar a la radio a S. Crucé Juan B. Justo y el tipo cruzó adelante mío. Noté algo raro en él, pero no quise ser prejuiciosa y lo dejé pasar. Caminó en mi misma vereda. Yo iba escuchando el mp3 que llevaba en la cartera (seguro pensó que era mi celular). En cuestiones de segundos, estas maniobras: él camina hacia la izquierda, para el lado del cordón, como para cruzar la calle y mira a ambos lados. Yo me arrimo a la pared para pasar por ahí. Él se da vuelta (venía adelante mío), me increpa contra la pared y me dice "dame el celular", mientras me sujeta la cartera.
Yo me resisto. No sé por qué reaccioné así. La cartera era mía y la estaba defendiendo, supongo. Le digo que "no tengo nada". Y él sigue pidiéndome el celular (que no estaba en la cartera). Miro sus manos y veo que no tiene nada para lastimarme, y sigo sujetando y tironeando de MI cartera. Intento zafar de alguna forma y grito "¡ayuda!" muy fuerte. Tan fuerte que cuando lo recuerdo me vuelvo a asustar. Creo que lo asusté a él también, porque seguía tironeando pero se acercaba al cordón de la calle parasalir corriendo.
No sé bien cómo fue la movida final. Sé que seguí sujetendo, que él tiró, que yo me caí al piso aún sujetando la cartera y que le gané la pulseada. De alguna forma terminé con la cartera en mi mano, tirada en el piso, y él se subió a una moto que pasó a buscarlo.
Recién cuando me levanté y me sacudí la tierra del pantalón, me di cuenta de que habían intentado robarme.
Corrí esas tres cuadras hasta la radio sin respiro, como nunca. Llegué, lo abracé y lloré de miedo, aunque todo ya había pasado.
La caída parece que fue bastante fuerte. Al caer sin las manos, la rodilla se resintió tanto que sigo lesionada y sin poder moverla sin dolor.
Ya sé, la saqué barata. Pero sigo pensando que en la misma situación, actuaría de la misma forma. No sé, es instintivo.
jueves, 24 de julio de 2008
Le jugué!
Fue muy raro!
Mando sms. "Soy la número 77. Todavía no abrieron la mesa, así que va para largo" (o algo así). Y ella, con la lucidez envidiable que la caracteriza, me respondió "77 son las tabas, vamos que nos dan!" (o algo así).
La cosa fue que no tardaron tanto, y me saqué un 7.
Llego a casa. Mi vieja estaba en la cama después de un postoperatorio. Le cuento lo raro que me pareció la coincidencia de números y ella me contesta: "sí, mi cama también era la 7, y el número del locker también". chan!
Le digo a él: "¿me acompañás a la lotería a jugarle al 7? yo no sé bien cómo es esto". Casi llegando a su casa, me estaba esperando en la calle para ir.
Le digo a mi viejo que lo juegue, que él sabe cómo es...
Les jugamos todos, al 7, al 77, al 21 (3x7)...
Salió el 60 a la cabeza.
Pero aprobé Comuniación 3 carajooooo!!!! :D
Mando sms. "Soy la número 77. Todavía no abrieron la mesa, así que va para largo" (o algo así). Y ella, con la lucidez envidiable que la caracteriza, me respondió "77 son las tabas, vamos que nos dan!" (o algo así).
La cosa fue que no tardaron tanto, y me saqué un 7.
Llego a casa. Mi vieja estaba en la cama después de un postoperatorio. Le cuento lo raro que me pareció la coincidencia de números y ella me contesta: "sí, mi cama también era la 7, y el número del locker también". chan!
Le digo a él: "¿me acompañás a la lotería a jugarle al 7? yo no sé bien cómo es esto". Casi llegando a su casa, me estaba esperando en la calle para ir.
Le digo a mi viejo que lo juegue, que él sabe cómo es...
Les jugamos todos, al 7, al 77, al 21 (3x7)...
Salió el 60 a la cabeza.
Pero aprobé Comuniación 3 carajooooo!!!! :D
Sin escalas
Hay una pendiente que se va construyendo a cada paso. La seguimos subiendo sin saber por qué, casi por inercia... o porque algo dice que hay que seguir subiendo. Las piernas ya están cansadas, les falta "estado", no se bancan las piedras ni las zapatillas rotas que sacan ampollas.
Parar un minuto y mirar alrededor. Pensar que el camino no lo es todo, que en la vera hay miles de cosas que nos acompañan, y que son hermosas. Parar un minuto y descansar. Tomar un poco de agua porque el sol está matando y este calor...
Mirar para arriba y ver que falta tan poquito. Nadie baja para decirnos si falta mucho, si se pone más difícil arriba. Cada uno sube como puede, en el tiempo que puede. Pero sube.
Un pozo la hizo tropezar. Se cayó y se lastimó. Lloró bastante, el dolor era fuerte e injustificado... de haber visto ese pozo. Lloró más por bronca que por dolor, y se pensó incapaz de seguir subiendo pero ay! quedaba tan poco!. Si la estoy viendo, ahí está...
Decidió seguir. Sin seguridades. Probar... sobre todo, por el camino que la seguía detrás.
Un viento fresco la acaricio y le dijo que podía. Una mano la ayudó a subir una piedra y le dio confianza. Volvió a pensar en el camino de atrás, y ahora ya no subía porque había llegado hasta ahí. Se acordó de que quería subir.
Sigue caminando. Ahora con la confianza de poder. No sabe si terminará. Pero está feliz, porque pudo cuando pensó que no podía.
Parar un minuto y mirar alrededor. Pensar que el camino no lo es todo, que en la vera hay miles de cosas que nos acompañan, y que son hermosas. Parar un minuto y descansar. Tomar un poco de agua porque el sol está matando y este calor...
Mirar para arriba y ver que falta tan poquito. Nadie baja para decirnos si falta mucho, si se pone más difícil arriba. Cada uno sube como puede, en el tiempo que puede. Pero sube.
Un pozo la hizo tropezar. Se cayó y se lastimó. Lloró bastante, el dolor era fuerte e injustificado... de haber visto ese pozo. Lloró más por bronca que por dolor, y se pensó incapaz de seguir subiendo pero ay! quedaba tan poco!. Si la estoy viendo, ahí está...
Decidió seguir. Sin seguridades. Probar... sobre todo, por el camino que la seguía detrás.
Un viento fresco la acaricio y le dijo que podía. Una mano la ayudó a subir una piedra y le dio confianza. Volvió a pensar en el camino de atrás, y ahora ya no subía porque había llegado hasta ahí. Se acordó de que quería subir.
Sigue caminando. Ahora con la confianza de poder. No sabe si terminará. Pero está feliz, porque pudo cuando pensó que no podía.
lunes, 7 de julio de 2008
Una impresión
El tipo habla despacio. Pausadamente. Casi que da la sensación de que está narcotizado.
Corte.
Pedazo de bloque editado.
Vuelve al tipo que está sentado en al borde de un esceario. Muy cassual. Mira a la cámara y habla con ojos que quieren parecer francos (y tal vez lo son). Cuenta. Explica... despacio.
Lo miro y pienso que me habla así de despacio porque cree que no entiendo. Casi como las maestras de jardín a los nenes (y a veces a los padres también porque se les queda el tono).
Él mira a la cámara y me sigue contando. "bueno", pienso, "te sigo... voy entendiendo... no hace falta que me hables así".
No sé, tal vez soy yo, pero me da la sensación de que Nicolás Pauls me trata de boluda.
Corte.
Pedazo de bloque editado.
Vuelve al tipo que está sentado en al borde de un esceario. Muy cassual. Mira a la cámara y habla con ojos que quieren parecer francos (y tal vez lo son). Cuenta. Explica... despacio.
Lo miro y pienso que me habla así de despacio porque cree que no entiendo. Casi como las maestras de jardín a los nenes (y a veces a los padres también porque se les queda el tono).
Él mira a la cámara y me sigue contando. "bueno", pienso, "te sigo... voy entendiendo... no hace falta que me hables así".
No sé, tal vez soy yo, pero me da la sensación de que Nicolás Pauls me trata de boluda.
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